El aumento de las temperaturas y el exceso de nutrientes dispararon las floraciones de cianobacterias en el último tiempo. En Control Ecológico trabajamos para detectar, prevenir y controlar este fenómeno, protegiendo la salud ambiental y la seguridad del agua que consumimos.
¿Qué son las cianobacterias?
Las cianobacterias, también conocidas como algas verde-azuladas, son microorganismos fotosintéticos que existen desde hace más de 3.500 millones de años. Bajo condiciones normales, cumplen un rol importante en los ecosistemas acuáticos. Pero cuando hay exceso de nutrientes (fósforo y nitrógeno) y altas temperaturas, se reproducen masivamente, formando floraciones que pueden liberar toxinas peligrosas.


Entre las principales causas que impulsan este crecimiento desmedido se destacan:
- Aumento de nutrientes (fósforo y nitrógeno): provenientes de la actividad agrícola, los efluentes urbanos e industriales.
- Temperaturas elevadas: que favorecen la proliferación y prolongan el período de floración.
- Falta de recambio en los cuerpos de agua: que genera estancamiento y acumulación de materia orgánica.
- Eutrofización progresiva: el proceso por el cual el exceso de nutrientes altera el equilibrio natural y reduce el oxígeno disponible.
- Cambio climático: un factor transversal que agrava y acelera todos los anteriores.
Riesgos para el ambiente y la salud
Las floraciones de cianobacterias alteran el equilibrio natural de lagos, lagunas y ríos. Al acumularse y descomponerse, consumen oxígeno y bloquean la luz solar, provocando la muerte de peces y plantas acuáticas. Esto genera un efecto dominó en toda la cadena ecológica, reduciendo la biodiversidad y deteriorando la calidad del agua.
Algunas especies liberan cianotoxinas, compuestos que pueden afectar el hígado, el sistema nervioso y la piel de humanos y animales. La exposición puede producir irritaciones, vómitos o malestares digestivos, y en niveles elevados representar un riesgo sanitario.
Además, las floraciones producen olores y sabores desagradables, dificultan el tratamiento del agua potable y afectan actividades como la pesca, el turismo y los usos recreativos del recurso.
La importancia de actuar a tiempo
Detectar y responder a tiempo ante una floración de cianobacterias es fundamental para evitar consecuencias ecológicas y sanitarias graves. Cuando las floraciones alcanzan su punto máximo, el daño a los ecosistemas acuáticos puede volverse difícil —e incluso imposible— de revertir en el corto plazo.
En COESA entendemos que la única forma de prevenir una floración es evitar que el nitrógeno y el fósforo alcancen concentraciones elevadas y mantener niveles adecuados de oxígeno disuelto. Para ello, implementamos estrategias preventivas como la extracción de materia orgánica en descomposición —que reduce el aporte de nitrógeno— y la minimización del ingreso de fósforo, evitando la resuspensión del sedimento o la llegada de aguas negras.
El control también puede lograrse mediante barreras que limiten la incidencia de la luz, ya sea a través de sombreo artificial o natural con plantas flotantes, que impiden la fotosíntesis de las cianobacterias. Además, promovemos la incorporación de plantas palustres capaces de captar nutrientes antes que las cianobacterias, favoreciendo la presencia de sectores bajos tipo humedal, fundamentales para mantener el equilibrio ecológico.


Con equipamiento propio —como catamaranes diseñados para el corte y recolección de especies vegetales—, hemos llevado adelante intervenciones en lagunas y embalses, como el trabajo realizado en Laguna 9 de Julio, logrando mejorar la oxigenación y restablecer el equilibrio del ecosistema.
El agua es un recurso vivo, y su equilibrio depende de una gestión responsable, experiencia técnica, equipamiento especializado y una mirada ambiental integral para proteger los ecosistemas acuáticos y asegurar un futuro sostenible.